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domingo, 4 de noviembre de 2012

El gato Félix o como salvar la ropa



Hacia fines del año 2001, momento en que la decadencia del modelo de la convertibilidad entró en su crisis terminal, tomó forma el llamado Grupo Fénix compuesto por una asociación de economistas nucleados en torno a la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Buenos Aires. El conjunto de profesionales se propuso hacer un diagnóstico de la situación del país en temas de economía o relacionados y proponer una serie de medidas en forma de un plan de acción para la reconstrucción del país. Ideológicamente el grupo presentaba un amplio espectro desde estructuralistas, radicales, marxistas, pero todos con el rasgo común de rechazar la llamada ‘ortodoxia’.

Con el advenimiento del kirchnerismo al gobierno se hizo común la idea de que las políticas del gobierno tenían por inspiración las ideas de algunos de los integrantes del Grupo Fénix. Efectivamente, algunos miembros del mismo tuvieron posiciones expectantes en la administración kirchnerista. Tal fue el caso del economista Aldo Ferrer que representó al gobierno en varias empresas y actualmente es embajador argentino en Francia. 

Pero con el correr del tiempo algunos miembros de Grupo Fénix discreparon públicamente con el accionar del kirchnerismo y también se apartaron del Grupo que se mantuvo en una posición de acompañamiento distante ya que fue evidente que la inspiración del gobierno no estaba allí. 

Para el momento actual, con la renovada actualidad de la inflación el Grupo Fénix ha considerado conveniente expresar su posición frente este tema y algunos otros relevantes y aconsejar algún tipo de medidas. El documento se llama “La Cuestión Inflacionaria en la Argentina” con la firma de ‘Cátedra Abierta Plan Fénix’ y membrete de la FCE de la UBA. El documento no ha tenido difusión oficial por ahora aunque fue comentado en varios medios. La falta de firmas individuales podría interpretarse de diversos modos, aunque se podría inferir que algunos de los autores no quieren aparecer criticando ciertas acciones del gobierno kirchnerista lo cual podría hacerlos pasibles de algún tipo de represalia. Se trata de una situación incómoda para quienes fueron tomados en su momento como inspiradores de políticas gubernamentales tener que tomar distancia cuando hay errores que la profesión económica no puede obviar, por más heterodoxa que sea.

Algunos comentarios sobre el documento

El escrito se desarrolla en algo más de cuatro carillas con el logo de la FCE y encabezado ‘Plan Estratégico de la Facultad de Ciencias Económicas. PLAN FÉNIX’ Se trata de un documento denso en conceptos del cual seleccionaremos algunos de los muchos temas a que alude.

1) Rechazo a la ‘Ortodoxia’

En repetidas ocasiones el escrito rechaza las propuestas catalogadas como ‘ortodoxas’ y las acusa de haber causado grandes problemas en el pasado. La ortodoxia está vagamente definida pero se la caracteriza como algo que no debe hacerse de ningún modo. De hecho, en la FCE la pluralidad de cátedras ha sido fuertemente cuestionada bajo la conducción afín al kirchnerismo y la ‘ortodoxia’ ha migrado a otros centros. Sin embargo, en ningún momento el documento habla de ‘neoliberalismo’, cuestión que revela cierto cuidado por no usar epítetos que han tomado un carácter peyorativo y bien poco definido en cuanto a contenido ideológico.
En esta línea de pensamiento heterodoxo se habla de los ‘resultados negativos …. de políticas antiinflacionarias de matriz ortodoxa’. También se critica a ‘los toscos diagnósticos monetaristas que atribuyen el crecimiento de los precios, en exclusividad, a la emisión monetaria’, y se aconseja combatir las restricciones de la estructura productiva ‘haciendo lo contrario de lo que hoy resulta usual [en] los países de la Europa en crisis’
Parece que fuera necesario dejar bien en claro que el pensamiento de los autores está libre de cualquier contaminación y vuela mucho más alto por el firmamento heterodoxo.

2) Reconocimiento de la existencia de una inflación inconveniente en Argentina

Este ha sido el motivo por el que este escrito ha llamado la atención de varios medios y no es un dato menor cuando la misma Presidenta Cristina ha negado pública y enfáticamente que Argentina tenga que preocuparse por la inflación al tiempo que ratificó los datos del INDEC.

Antes de afirmar que el proceso inflacionario es nocivo los autores hacen una larga introducción a modo de recapitulación de la historia reciente, con los destrozos atribuidos a la convertibilidad y las supuestas grandes logros del gobierno kirchnerista. De este modo, los académicos seguramente buscan atenuar la mala impresión que podría causar en el oficialismo hablar de un tema tabú como es la inflación.

Aluden entonces a ‘un proceso inflacionario que se ha iniciado un quinquenio atrás y que, si bien muestra un ritmo administrable, alcanza hoy índices superiores a los deseables’. Al datarlo a 5 años atrás, lo ponen totalmente dentro de la era CFK, con lo cual eximen de toda responsabilidad al difunto NK. Realmente no parece haber motivos serios para esta partición en el proceso, salvo que parece que no quieren aceptar que lo de ahora es una mera acentuación de un proceso que se inició casi al momento en que la familia Kirchner tomo las riendas del gobierno.

3) Crítica a los datos de inflación del INDEC

El documento afirma que “Las cifras que ofrece el INDEC  han perdido credibilidad”. Recordemos que en la segunda parte de 2010 se conoció un informe universitario muy crítico de la metodología usada por el INDEC para medir la inflación (cf. “Las universidades denunciaron la falta de credibilidad del Indec”, publicado por La Nación el 15 de septiembre de 2010). Fue un estudio colaborativo de varias universidades nacionales realizado a pedido del entonces Ministro de Economía Amado Boudou que este ni se molestó en comentar, seguramente porque no decía lo que él esperaba). Con esta afirmación el Grupo Fénix contradice la posición oficial del Poder Ejecutivo nacional que respalda totalmente los números del INDEK. También hace tiempo que el director del Grupo, el profesor Abraham Gak ha expresado públicamente la necesidad de hacer correcciones en el INDEC.

Como para matizar, el documento afirma: “las provinciales no cubren un territorio de suficiente significación y las que publican las consultoras privadas exageran, en general, las tasas de inflación reales (además de aplicar en algunos casos metodologías inaceptables, de poca seriedad)”. Aquí, como no pueden negar significación a las estadísticas que hacen las provincias (cosa que sí hacen desde el INDEK), les asignan poca cobertura nacional. En realidad, la cobertura actual abarca unas 7 provincias bastante significativas porque antes de 2007 sus cifras no diferían demasiado de las del INDEC (ahora indican casi duplican los valores del INDEK). El gobierno nacional, especialmente la Secretaría de Comercio, que es la que intervino el INDEC y la responsable de la adulteración de las estadísticas de inflación, ha presionado sobre los gobiernos provinciales y ha logrado que varias provincias, como Río Negro y Mendoza, discontinuaran sus series de precios al consumidor.

La afirmación de que las consultoras privadas exageran la inflación es infundada y puesta allí meramente para neutralizar lo dicho del INDEK. Antes de 2007 las series de las consultoras no diferían mayormente de las del INDEC, es más, estas servían para calibrar los estimadores privados. Lo que si puede decirse es que las privadas tienen menor exactitud puesto que las muestras son menores que las del INDEC, pero, en cuanto a metodología, no difieren mayormente. Es más, alguna de las series son calculadas por personal expulsado del INDEK por la intervención por negarse a falsear los datos. 

Los economistas del Fénix se inclinan por usar los precios implícitos en los cálculos del PBI que hace el INDEK. Con ellos dicen que les da una inflación actual del orden del 20%, “muy lejos de los que estima el INDEC”. Se sabe que los datos del INDEC exageran el crecimiento del PBI, por lo que los precios implícitos están sospechados de haber sufrido la metástasis de las series del IPC de algún modo. Por lo tanto, tampoco este cálculo puede considerarse totalmente confiable. Por experiencia personal, mis gastos crecen más que el 20% anual, más cerca del 25% y en aumento. Dice el informe del Fénix: “bastante por debajo de muchas “estimaciones” irresponsablemente difundidas por medios masivos de comunicación– y justifican la actual preocupación. Va de suyo que esta situación debe ser corregida, sin más dilaciones”. De nuevo, un ataque a los estimadores privados y, de paso, a los medios de comunicación (otra forma de hacer ‘buena letra K’). No dice nada, sin embargo, del índice ‘Congreso’ difundido por un grupo de diputados opositores, que resulta de promediar una decena de estimaciones del crecimiento mensual del IPC hecho por entidades privadas, perseguidas por el Secretario Moreno penal y administrativamente por publicar sus cifras. 

Vemos pues, como el Grupo camina haciendo un delicado equilibrio entre la verdad académica y la voluntad de no despertar las represalias del régimen.

4) Causas del proceso inflacionario

El documento del Grupo Fénix se interna en temas teórico-prácticos indagando por las causas de los elevados valores de la inflación y las medidas que se requerirían para lograr su reducción. El enfoque es sano, porque para tener una medicina efectiva es necesario saber cuál es el origen de la enfermedad.

El documento puntualiza que el análisis tradicional distingue 3 tipos de inflación: de demanda, de costos y estructural. “El análisis económico tradicional suele distinguir tres clases de inflación: de demanda, originada por un exceso de la demanda global respecto de la oferta global de productos y servicios; de costos, usualmente derivada del aumento de la tasa de salarios e insumos a un ritmo mayor que la productividad del trabajo asalariado; y la estructural, causada por el cambio de los precios relativos en sectores con inflexibilidad a la baja de los precios monetarios”.
Sin embargo, para los autores hay una causa básica que es la estructural y los otros dos son mecanismos de propagación. ‘Más allá de este análisis tradicional y avanzando en el tema, podría afirmarse que el fenómeno primario tiene origen en una inflación de carácter “estructural”, que presenta como mecanismos de propagación a la inflación “de costos” y también a la “de demanda”’.

Las causas estructurales principales (en Argentina) que se detallan son: 1) aumento de precios relativos a nivel mundial que se trasladan a los precios locales, 2) deficiencias en la formación o asignación de capitales, y 3) inequidades persistentes en el sistema tributario. ‘Las presiones inflacionarias se deben a problemas de la estructura del sistema económico argentino. Entre ellos: a) el incremento de los precios relativos de alimentos, energía y otros insumos en el mercado mundial, que tiene impacto sobre el nivel de precios internos y se traslada fuertemente al consumo de los sectores más carenciados; b) las deficiencias en la tasa de formación de capital, así como en su asignación; y c) las serias inequidades persistentes en el sistema tributario. Si estas fallas estructurales no se corrigen resulta imposible atenuar el proceso inflacionario, por más “ajustes” que se intenten, debido a la multiplicidad de causas que operan de modo simultáneo’

Se observa que los autores han ‘escamoteado’ una causa estructural básica: el déficit fiscal endémico. Se lo puede considerar resultado del extraordinario incremento del gasto público que en 10 años ha superado los 10 puntos del PBI. Es equivalente a considerar un aumento de la demanda agregada no compensado por un aumento equivalente de la productividad de la economía que se traduce en varios problemas, de los cuales los más notorios son la emisión creciente (aumento de la base monetaria para cubrir el déficit fiscal) y la exacerbación de la puja distributiva. Sea porque los autores consideran que el aumento desorbitado del gasto público no tiene efecto inflacionario, sea porque consideran que este argumento es ‘un tosco argumento monetarista’, o bien que obvian la ‘contabilidad creativa’ gubernamental para esconder el déficit fiscal, o sea porque no quieren criticar al gobierno en un tema que es básico para la subsistencia de la burguesía rapaz, el déficit fiscal no es siquiera mencionado en todo el documento. Por el contrario, se recomienda por ningún modo reducir el gasto público, sino redireccionarlo.

Esto es lo que dicen de la emisión: ‘Esto, dicho sea de paso, desmiente los toscos diagnósticos monetaristas que atribuyen el crecimiento de los precios, en exclusividad, a la emisión monetaria. Si estos diagnósticos fueran valederos, combatir la inflación sería una tarea trivial.’ Si reducir el déficit fiscal fuese una tarea trivial, estaríamos en otro mundo.
El documento argumenta sobre la propagación inflacionaria: 1) que la distribución positiva del ingreso –que da por hecha- puede generar suba de precios vía la puja distributiva en caso de que los empresarios puedan trasladar a los precios los aumentos de salarios. Esto puede ocurrir en Argentina por la concentración oligopólica que existe en vastos sectores. Lo que no explican es porqué este mecanismo empezó a actuar solamente hace 5 años y no antes, cuando la concentración se supone era mayor aún (¿o es que el modelo ha favorecido a los grupos más concentrados?). 2) El comportamiento “cultural” (Marcó del Pont diría “atávico” o una “pulsión”  freudiana). Deberíamos recordar que estas ‘expectativas inflacionarias’ habían sido dejadas de lado en los 90 hasta el año 2003, si alguien las ‘reactivó’ fue este modelo. 

En síntesis, por más que el Grupo Fénix le dé vueltas, el principal responsable del rebrote inflacionario es el gobierno. Pero ellos no quieren decirlo y sus motivos tendrán.

5) Políticas antiinflacionarias posibles

El Grupo Fénix ha hecho un diagnóstico de causas y ha escamoteado una causa fundamental: el crecimiento desmesurado del gasto público y el déficit fiscal. Ha propuesto causales que pueden explicar algunos puntos de inflación, como el aumento de precios internacionales (relativos), argumento que también usa la Presidenta (‘en comisión’) del BCRA Mercedes Marcó del Pont. Esto no explica porqué nuestros vecinos latinoamericanos tienen inflaciones no mayores del 5% a pesar de estar afectados por esta inflación internacional igual que nosotros. Respecto de las deficiencias de formación de capital y las inequidades fiscales, el ‘modelo’, que ya tiene 10 años de existencia, no puede mirar para otro lado. Es en gran parte responsable de su subsistencia, aunque el Grupo Fénix no lo diga. De todos modos, no se explica porqué empezaron a generar inflación hace 5 años y no antes. Misterio no develado por el Grupo Fénix. Sus motivos tendrán.

Hecho un diagnóstico parcial (casi tendencioso y muy adecuado a los intereses que este grupo representa), los remedios que resultan son parciales, insuficientes o inefectivos.

Los autores empiezan por dar una serie de consideraciones generales donde aconsejan actuar contra todas las causas a la vez y no aplicar políticas de shock ni de ajuste recesivo. Dicen, entre otras cosas, que se combate la inflación estructural mejorando la productividad, manteniendo los salarios y mejorando la distribución del ingreso y expandiendo la economía. Se apoyan a continuación en una enumeración de los factores internacionales y carencias del enfoque keynesiano para prescribir que 1) ‘administrar con prudencia y realismo la incidencia local de los precios internacionales’, léase continuar con el control de cambios y de importaciones y exportaciones; 2) ‘las políticas de tipo de cambio diferenciado se encuentran ampliamente justificadas y no deben ser abandonadas’; 3) no debe reducirse el gasto público sino que debe redireccionarse: ‘una reducción indebida, excesiva, imprudente o puramente fiscalista del gasto público tendría efectos adversos sobre el nivel general de actividad económica, como los que están experimentando hoy los países europeos, afectados por la grave crisis en la que se encuentran inmersos. En cambio, resulta fundamental redireccionar el gasto, sin reducir su nivel y buscando mantener el nivel de ocupación, mejorar la distribución del ingreso y adoptar medidas de política fiscal que tiendan a sostener el nivel de los recursos estatales’ (Nótese: nada de reducir el nivel del gasto, se recomienda sí mantener el nivel de ocupación y mejorar la distribución del ingreso. Repite: tomar medidas para sostener el nivel de los ingresos estatales! Hay que preguntarse, ¿podrán lograr todo eso en una economía que se contrae?, porque ese parece ser el resultado de la ‘profundización del modelo’); (sigue) 4) modificar gradualmente la política de subsidios del gobierno nacional, para no subsidiar a sectores de altos ingresos. Se entiende, que los fondos ahorrados no van a servir para reducir los impuestos, por el contrario, dicen que hay que 5) aumentar la provisión de bienes públicos (Parece implicar agrandar el Estado empresario) ‘El incremento de la provisión de bienes públicos, materiales e inmateriales, resulta otra vía importante para combatir la inflación, ya que esta oferta se halla a cubierto de las tendencias en los mercados externos y constituye, sobre todo, una responsabilidad del Estado. La moderna noción de bienes públicos incluye no solamente a los bienes públicos materiales (los que integran el “dominio público”), sino también los inmateriales o intangibles, como lo son la educación, la salud, la justicia, la seguridad, la protección social y el derecho a la información y a la pluralidad de opiniones’. Incidentalmente, aquí parece haber una velada crítica al gobierno con respecto al derecho a la información y a la pluralidad de opiniones, que estaría siendo negada, pero también podría interpretarse como una recomendación a profundizar la aplicación de la ley de medios. Más adelante se habla de otro aspecto de la acción estatal en el fomento del desarrollo científico-técnico. Como se ve, toda una serie de buenas intenciones, pero no un plan completo. 6) se menciona que ‘No debería descuidarse el campo de la política de ingresos y la influencia que esta debe tener a la hora de acordarse precios y salarios entre los distintos sectores de la sociedad’.

Resumiendo

En conclusión, el documento del Grupo Fénix no propone ningún plan antiinflacionario, solamente da directivas generales. Hace algunas críticas, las más serias sobre el INDEK. 

Algunas observaciones podrían interpretarse (o no) como críticas veladas, por ej. las apelaciones a gastar en educación, justicia, seguridad, y el derecho a la información. En lo propiamente económico dictamina que hay que seguir con la política de controles a importaciones /exportaciones, el tipo de cambio ‘diferenciado’ (sin hablar de ‘cepo cambiario’) y que ha de mantenerse o aumentar la intervención y el gasto estatal, redireccionandolo, en todo caso. Esto refleja las necesidades de la burguesía pseudo-industrialista, que necesita re direccionar los flujos económicos a su favor. La acción del Estado en este sentido es fundamental para estos fines, por lo que se entiende el énfasis puesto en no reducir de ningún modo el gasto público. 

Por lo demás repite varias veces que no hay que hacer políticas de ajuste, que hay que redistribuir el ingreso, etc, etc. Buenas intenciones, pero no explica cómo se compatibiliza esto con una política que aumente la competitividad internacional, al menos en el corto plazo. En el largo plazo podemos fantasear con que el Estado va a hacer mucha obra y eso va a ser suficiente. Además, hay un gran ausente en todo esto y es la iniciativa privada. No se la menciona y es obvio que esta gente descree de su importancia, para no decir que no le gusta mucho.

Un documento que parece resultar de una negociación entre opiniones divergentes, donde no aparecen los autores y donde se quiere mantener una cierta vigencia intelectual ante la situación de semi-crisis del modelo, pero evitando enemistarse con el gobierno. 

Grupo Fénix: muchas gracias!

martes, 11 de octubre de 2011

Infancia en el Conurbano cuando El Que Te Dije salía al Rosado Balcón (1a parte)


A mediados de la década de 1940 era un niño que vivía con sus padres en un pequeño departamento alquilado en una casa de inquilinato. Había un largo pasillo y cada departamento tenía una puerta al mismo. El departamento tenía un solo ambiente y un patio al que también daban una cocina y un baño.
En la única pieza dormíamos los tres en medio de un conjunto de muebles bastante apretados. Yo inicialmente dormía en una cuna y luego en una cama plegable. La cocina tenía una cocinita de tres hornallas, no recuerdo que tuviese horno para cocinar carne u otras comidas. Aparte había una pileta con una canilla (no tenía agua caliente que de necesitarse se calentaba en una pava). También había unos armarios y una mesa de madera con mantel de hule que a la hora de las comidas era instalada en el patio para la reunión familiar.
En el baño teníamos una lluvia con la flor de latón y un calefón para bañarnos. La piletita del baño no recuerdo si tenía canilla de agua caliente, de todos modos había gas que por entonces no se si era natural o fabricado en alguna usina.
Esto fue así hasta el año 1950 y mis días transcurrían en un barrio de la ciudad de Buenos Aires.
Mi padre era un empleado contable que trabajaba en las oficinas de una empresa refinadora de nafta y algún otro combustible. Los dueños eran mayoritariamente argentinos, gente que tenía otros negocios, como pueden ser agropecuarios, y que decidieron probar suerte en otro rubro.
Durante los años de la gran guerra mundial la empresa estuvo en muy mala situación económica pues no se conseguía petróleo para refinar y la estatal YPF hacía todo lo posible por ahogar la competencia aprovechando del privilegio que le daba la ley existente restringiendo las ventas de crudo. La situación mejoró relativamente terminada la guerra pero siempre la empresa estuvo restringida en su crecimiento por las prerrogativas que le daba el estatismo predominante a YPF de bloquear la apertura de bocas de expendio de la competencia. La estatal no crecía ni dejaba crecer la iniciativa privada. Así cada día aumentaba la importación de combustibles.
Mi padre entró en ese trabajo de joven, con estudios secundarios incompletos y por recomendación de un pariente que conocía a los dueños. Por muchos años trabajó en unas oficinas instaladas en una vieja casa que fuera una familia grande o de buenos recursos. Esto era lo que los ypefianos en su ignorancia o mala fe calificaban de rama encubierta de uno de los grandes monopolios internacionales (no se sabía de cual, pero igual era justificativo para tratar de llevarla a la quiebra). 
Hacia fines de la década mi padre consiguió un préstamo para edificar una casa en un terreno situado en un pueblito cercano a la localidad de San Martín. Era un barrio ubicado a unos 40 minutos de viaje en tren de la capital. Me enteré de la existencia de la casa cuando ya había empezado la construcción por comentarios de mi madre. Cuando fui a ver la edificación ya estaba muy avanzada, pero recordamos que en aquel tiempo las casas se levantaban rápidamente. Dos personas en dos o tres meses hacían una casa unifamiliar. Supongo que mi padre compró el terreno en cuotas, como era la costumbre por entonces. El Banco Hipotecario le otorgó un préstamo a unos 20 años. En esa época el Hipotecario todavía disponía de fondos que recibía de las cuotas de préstamos anteriores. Además se financiaba emitiendo cada tanto las llamadas cédulas hipotecarias, que pagaban un interés a los que deseaban ahorrar en estos valores. La inflación, a la cual Perón dio un impulso determinante, hizo que el Hipotecario dejase de poder financiarse con las cédulas (que no tenían ajuste contra la inflación). Además, las devoluciones de fondos por pagos de cuotas de préstamos quedaban reducidas en su valor real al no ajustarse por inflación. A partir de entonces nunca más hubo en el país financiación para la vivienda accesible a la gente de ingresos modestos.
Perón, que no confiaba en las leyes de mercado y ni se preocupaba demasiado por la inflación, hizo viviendas populares en base a fondos estatales. Cualquiera pudo ver algunos de los barrios pero estos no fueron tan generalizados como la propaganda peronista quiere hacernos creer. En esa época empezaron a poblarse las villas de emergencia (llamadas ‘villas miseria’), lo que muestra que lo que se hizo no alcanzaba, como pasa generalmente cuando se pretende remplazar la iniciativa individual por la potestad estatal. Además, el sistema de adjudicaciones de estas viviendas no era transparente. Generalmente se accedía a ellas por medio de las diferentes instituciones o aparatos ligados al Partido Peronista o a la CGT o por otros contactos con personajes influyentes.
Hoy es todavía común escuchar a los viejos peronistas que justifican haber sido peronistas de siempre por haber recibido su primera zapatilla o un juguete en aquellos tiempos, o porque a los padres el gobierno peronista les había dado una casa (nótese, les había dado, no facilitado la compra). También solemos escuchar que fue el peronismo el que ‘dignificó’ al trabajador. Me pregunto qué clase de dignidad surge de la dádiva, aunque sea estatal, en vez de haber creado las condiciones para que cualquiera con su propio esfuerzo consiguiese lo mismo.
La cuestión es que mi padre, de algún modo, sea por medio de un trámite normal, sea por la mediación de algún influyente (una ‘cuña’ como se decía entonces) consiguió un préstamo que nos permitió tener nuestra casa. Mi padre nunca habló conmigo acerca de este préstamo y me enteré de él el día que tuve que firmar como corresponsable de su devolución cuando se escrituró la casa con una hipoteca pendiente a nombre del mismo banco.
La nueva casa era enorme para lo que yo había vivido antes. Tuve por primera vez mi propio dormitorio, con cama, mesa de luz y un ropero para mí. Una ventana al terreno donde, con el tiempo mi padre plantó varios árboles, entre ellos un limonero frente a mi ventana que florecía en primavera.
Aparte estaban el dormitorio de mis padres y un comedor principal. Había una pieza de estar diario que era el comedor para todos los días. Teníamos un baño con una bañera, por primera vez para nosotros. Anteriormente me había bañado alguna vez en la bañera que había en la casa de mi abuela materna.
La cocina era bastante grande, allí sí había un horno en la cocinera, y agua caliente en toda la casa que venía de un calefón ubicado en esa cocina. El gas provenía de tubos, o sea era propano-butano (LPG).
Mi madre tenía ahora una pileta para lavar la ropa ubicada en un patio externo techado, varios años más tarde vendría un lavarropas eléctrico. Por ese entonces no teníamos otro artefacto eléctrico que una radio la cual era nuestra fuente de información y de esparcimiento a la hora de comer. También el medio para escuchar mis series de aventuras de la tarde.
Fue a comienzos de 1950 cuando nos mudamos a esa casa, y, a pesar del progreso espacial, despedirme del departamento de la infancia me costó algunas lágrimas. Pero esto se olvidó pronto.
Ese año comencé a ir a la escuela primaria del lugar que quedaba a unas 5 cuadras de donde yo vivía. Recuerdo las caminatas matinales rumbo al colegio, con el frío del invierno y la larga vereda arbolada. Había todavía terrenos sin edificar a los costados del camino principal que llevaba a otro distrito dentro del conurbano. Casi todas las casas tenían pequeños jardines en el frente, separados por cercos con portones de una hoja paralelos a la vereda. Otras casas más antiguas estaban edificadas en el medio de terrenos algo más grandes y se aislaban de las miradas externas con enredaderas que crecían sobre alambradas contiguas a la senda de unas pocas baldosas.
Los días de invierno, cuando se desataban fuertes lluvias, había que salir casi de noche con las botas puestas, una capa impermeable y la capucha llevando los cuadernos dentro de una cartera de cuero con forma de cilindro achatado y una tapa sujeta con dos tiritas pasantes por sendas hebillas. Las calles se llenaban de torrentes de agua y las cunetas se inundaban. Algunas pocas calles de las partes más bajas se inundaban como ríos que solo podían cruzarse con un puente giratorio. Era animarse a cruzar o quedarse en la casa esperando que pasase la tormenta. O sacarse el calzado y cruzar en medio del torrente de agua. El río seguía haciéndose cada vez mas fuerte hasta que desembocaba en unas bocas de tormenta al final de la calle y caía en canaletas que llevaban el agua a un destino desconocido.
En esa época las escuelas  no tenían calefacción de modo que había que cerrar bien las ventanas e ir abrigado. Lo que si teníamos, la mayor parte de los alumnos, era ganas de ir a la escuela a tratar de aprender algo. No eran tiempos de tratar de pasarla bien. Había niños ‘vivos’ que hacían travesuras cuando salía la maestra del aula, como tirar figuritas al aire para que los otros se arrojasen a tomarlas antes de caer. Pero esos eran pocos, y su destino general era la repetición del grado. El juego se reservaba para los recreos cuando corríamos y jugábamos en un patio grande con grandes árboles de muchos años.
La escuela habitaba un edificio que tenía muchos años, estaba bastante bien conservado, pero ya querían hacer una nueva para poder aumentar el número de aulas. Había una sola aula o dos (una por sexo) para cada año escolar  y estaban bien llenas. En algunos años inferiores se compartía el banco con otro alumno o alumna. Los años superiores eran de sexos segregados y estábamos más cómodos porque los bancos eran más grandes.  En general los alumnos pasaban de grado, la escuela peronista no era muy exigente. Recuerdo que el último año de la primaria me pasaba las horas dibujando figuras que copiaba de una revista infantil según el tema del día, pero el contenido en sí era bastante reducido. Cuando años más tarde pude comparar con los textos que se usaban en  épocas anteriores a la mía pude ver cómo se había simplificado los contenidos. Usábamos entonces un ‘Manual del alumno bonaerense’ que era todo nuestro saber. Además había un libro de lectura y, ocasionalmente, leíamos algunos episodios de ‘La Razón de mi Vida’ libro supuestamente escrito por Eva Perón y de lectura obligatoria. De nuestra maestra del último año decían que era peronista pero nunca la oí hacer propaganda política, era bastante discreta como la mayor parte de los otros peronistas que conocí. Además sabían que estaban en minoría por esos sitios y todos evitábamos discusiones enojosas, aparte que a esa edad no nos interesaba polemizar. Los grandes evitaban hablar de política por temor de alguna represalia. Sólo se hablaba de esos temas levemente con personas bien conocidas, las discusiones abiertas a fondo solo las escuchaba dentro de la familia, por suerte nunca llevada a mayores entre nosotros. Los fines de semana íbamos mis padres y yo a casa de la abuela donde se juntaba con mis tíos y algunos sobrinos. Los hombres armaban partidas de naipes y se hablaba de deporte o política. Eran todos opuestos al peronismo, salvo un matrimonio de empleados públicos. Nunca había grandes discusiones porque cada uno tenía sus ideas y no pensaban en cambiar las de los demás.
Cuando tuve que prepararme para el examen de ingreso a la secundaria (que finalmente se suspendió), conocí la diferencia entre estudiar en serio frente a darse un baño  más o menos de conocimientos. Tuve que tomar una profesora particular, porque el examen era muy exigente. Por desgracia se suspendió sobre la fecha y el ingreso se definió en base a un sorteo en el que salió mi número casi al final. Una forma injusta de premiar la vagancia, disfrazada de igualdad de oportunidades. Siempre he desaprobado estos atajos tan queridos a los argentinos, para evitar el esfuerzo y desalentar la dedicación y la seriedad. Así ha ido degradándose la enseñanza pública que fuera un ejemplo en el continente hasta la década del 30.
El Perón de entonces era para nosotros una persona que hablaba frecuentemente y decía discursos en actos, en el cine, en la radio, por todos lados, pero no lo escuchábamos. La radio repetía lo que el gobierno quería decir, todas las radios, o casi todas, estaban en manos del gobierno y si se quería saber la verdad había que escuchar la radio del Uruguay, generalmente radio Colonia, donde decían algo así como ‘una noticia urgente para este boletín’.  No escuchábamos mucho estas noticias porque no pasaban grades cosas de interés (para nosotros), salvo cuando a finales de la era peronista empezaron a haber intentos de golpes o atentados. Después vinieron las represalias del gobierno, la quema de iglesias y de locales partidarios. De todo esto nos enterábamos por la radio uruguaya, porque las radios argentinas contaban solo la versión oficialista.
Había un cine del otro lado de la vía en la parte más edificada y comercial del pueblo adonde se iba los fines de semana. Siempre pasaban un noticiero entre las películas principales. Invariablemente incluían uno o dos episodios de propaganda abierta o encubierta a favor del gobierno. Otro participante infaltable era algún regimiento o acto castrense, pues el gobierno peronista siempre exaltó las FFAA, siendo heredero del  golpe militar del 43 y conducido en gran parte por militares varios, detrás de aparentes autoridades civiles. Así tuvimos el año 1950 del ‘Libertador San Martín’ y otros por el estilo. Los historiadores peronistas se han ‘olvidado’ de estos ‘detalles’ poco compatibles con la imagen de un gobierno ‘del pueblo’. La realidad es que las FFAA, especialmente el Ejército, estaban en o detrás de todos los puestos de influencia. Si alguien necesitaba conseguir un trabajo, o un trámite difícil ante el Estado, el camino era conseguirse la recomendación de algún oficial, cuanto más alto mejor, a falta de eso de alguno del Partido Peronista y si no de alguien de la CGT, aunque estos últimos no eran tan influyentes.
Mi padre no tenía una filiación política definida, es decir nunca tuvo actuación en partidos. Durante la guerra fue simpatizante del EJE, contra todo el resto de la familia. Pero el leía siempre La Prensa, el diario ‘gorila’ según los peronistas y completamente pro yankee. Como el peronismo no les daba papel a los opositores el diario salía con unas pocas hojitas de un formato grande que ya casi no se usa actualmente. Cuando el peronismo, aprovechando su mayoría cuidadosamente conseguida en el Congreso a fuerza de cambiar el sistema electoral, se incautó de La Prensa, para dárselo a los obsecuentes de la CGT, mi padre dejó de leerlo y no recuerdo si siguió comprando otro diario. Cuando podía votar solía hacerlo por el socialismo, que entonces era antiperonista, hasta que se fue dividiendo y cambiando de ideas.
Mi madre no tenía ninguna orientación política. Decía siempre que los políticos eran todos unos ‘atorrantes’ y solía votar en blanco.
Otro recuerdo es sobre las vueltas en bicicleta. La primera que tuve fue usada, una vieja bicicleta importada, completa aunque algo gastada. Las primeras andanzas fueron en una plaza en la ciudad, pero luego de mudarnos tuve más lugares para ir, cada vez más lejos, hasta algunos kilómetros ya en la adolescencia. En el barrio la mayor parte de las calles no estaban asfaltadas, y había zanjas laterales para llevar el agua de lluvia, de modo que el recorrido para la bicicleta no era muy variado porque había que ir o por la vereda o por las calles asfaltadas que estuviesen conectadas que eran muy pocas. Por la tierra se corría el riesgo de pinchar la cámara con algún clavo perdido. La segunda bicicleta que tuve, ya en la secundaria (creo) fue una nueva y nacional. Mucho menos robusta que la primera pero adecuada al tamaño de mis piernas. Había que tener cuidado de no chocar para no arruinar la llanta.

martes, 30 de agosto de 2011

Un singular y soberbio discurso de la Sra. Presidente Cristina Fernández (14a parte).Inflación e Índice de precios


Continuamos ahora con el análisis del extraordinario discurso de la presidente Cristina Fernández, pronunciado el 9 de febrero de 2011 en el Mercado concentrador de Buenos Aires.
En nuestra entrega anterior, del día 24 de agosto de 2011 analizamos lo que la Sra. Presidente piensa o dijo acerca del papel de los subsidios en el modelo de acumulación K.
A continuación veremos los conceptos que expresara en aquel memorable discurso sobre la inflación y los índices de precios.

O) La inflación y los índices de precios

…cuando veía algunas escenas ayer por televisión  que mostraban como un escándalo dos kilos de tomates a 6 pesos , del combate del tomate, porque fue un verdadero combate. Año 2009, 18 pesos el kilo de tomates , ¿se acuerdan? No, 2007, para las elecciones fue el combate del tomate, sí, ahí me acordé, una semana después bajó a 2 pesos . Pero yo decía: si era terrible 18 pesos, me acuerdo siempre las mediciones de estos lugares en el 2007, si además como dicen hubo una inflación del 30 ó 40 por ciento por año,…
…pese a que a algunos les moleste el término que utilizó nuestro ministro de Economía, hay dispersión, hay muchísima distorsión y muchísimo aprovechamiento también de estas situaciones.
Si queremos hablar de precios en serio en principio no hay que hablar de variaciones de precios en frutas y verduras,  que en realidad en términos de expectativas inflacionarias cualquier economista sabe que es absurdo,…
…de la inmensa dispersión y distorsión, inclusive dentro de las propias cadenas de una sola marca donde según el barrio en el que esté ubicado el supermercado las cosas tienen un precio y si está en zona norte, donde está la gente de mayor poder adquisitivo, la misma cadena le pone otro precio. Esto lo sabe todo el mundo.
Y otro tema que también el año pasado impactó mucho y debemos reconocerlo fue el precio de la carne, que impactó muy duro.
…pero bueno, el año pasado más de la mitad del impacto inflacionario fue el sector carne. 
¿Por qué? Porque el sector carne tiene en nuestra canasta familiar, y en los productos que medimos, un gran impacto, no se mide únicamente en el peceto o en el kilo de lomo o en el asado que comprás, se mide también en el rubro restaurante, esparcimiento.
Cuando uno analiza cada provincia que no depende del INDEC, porque cada provincia te manda lo que mide su instituto, uno puede ver claramente en el año pasado cómo impactó el tema de la carne en la formación de precios,…
…la economía no es una ciencia independiente de la política, ni la política mucho menos lo es de la economía, porque ambas son ciencias sociales, la política y la economía, íntima y directamente vinculadas…
1) En la entrega 3 ya hemos comentado este tipo de expresiones de la Sra Presidente tomando como referencia el precio del tomate para argumentar con que era inválido usar el precio de los productos que tienen estacionalidad para hablar de variaciones de precios. Esto no es correcto porque existen técnicas estadísticas para obtener índices de precios desestacionalizados.  Una canasta de consumos es una muestra que se ha estudiado de modo que la variación de su costo varíe paralelamente al costo de los consumos promedio de una familia tipo, representativa de un agregado social o grupo de personas determinado. Algunos componentes, como frutos de estación, pueden tener variaciones de precios a lo largo del año, pero a la vuelta de un año esas oscilaciones se compensan y el promedio, si la canasta fue adecuadamente seleccionada, es representativo. Valores aislados de 18 pesos el kg suelen ser anecdóticos y los valores erráticos pueden excluirse. Lo importante no son los valores puntuales sino los promedios y sobre todo su evolución en el tiempo.
A pesar de todo, es tan importante la tasa de inflación que los números que en febrero citaba la Presidenta ya están siendo sobrepasados. La oferta de 2 kg de tomate a 6 pesos (usada para justificar los índices calculados por el INDEC) ya no se encuentra. En el supermercado el tomate verde y chico de oferta está a 4 pesos el kg(cuando hay). Afuera, en algún negocio pequeño se puede encontrar tomate de calidad media a 5 o 6 pesos el kg. Todo esto, sin embargo,  es más bien anecdótico, pues depende del lugar y la época del año.
Hace más de 4 años que la Federación de Productores de Frutas de Rio Negro y Neuquén viene realizando tratativas a diversos niveles del gobierno nacional (incluso con la Presidenta) y los provinciales, de los cuales han resultados planes estratégicos (en 2008), observatorio de la actividad sectorial y toda clase de papelería burocrática. Actualmente el productor recibe un promedio de $0.70 por kg de fruta (manzanas y peras) en origen mientras que el kg en Buenos Aires se vende a 5 a 7 pesos por kg, según las variedades. El Mercado Concentrador es un eslabón más de la cadena pero, evidentemente, no ha solucionado ningún problema de los productores, si es que ha hecho algo por los consumidores. ¿Dónde está entonces el discurso oficial, la efectividad de la Secretaría de Comercio Interior, el recio G. Moreno y sus métodos?. Mientras tanto, los productores salen a las rutas del país a protestar porque lo que si reciben son citaciones de la autoridad fiscal (AFIP) reclamando por las deudas atrasadas.
Qué valor tiene, ante este panorama que se repite en toda clase de frutos donde el costo en origen es solo una mínima fracción del precio de venta al consumidor, que la Presidenta nos hable largo y tendido del precio del tomate, si es o no de temporada. Es una mera distracción para ocultar graves problemas de distribución no resueltos y otros mecanismos inflacionarios de mayor importancia.
Lo que si tiene razón la Presidenta es en su queja contra el uso de precios estacionales para ejemplificar la inflación. No suelen ser representativos y se deben considerar con los recaudos correspondientes.
2) Desde que Nestor Kirchner en 2007 instrumentara la intervención al INDEC con el objetivo de controlar la inflación (o, al menos, si manifestación en los índices de precios), la palabra ‘Inflación’ ha sido desterrada del lenguaje oficial del Poder Ejecutivo en Argentina.
De este modo, oímos al ministro de Economía Amado Boudou afirmar que ‘hablar de inflación es una burrada’ y que lo que hay es ‘dispersión de precios’. Es un hecho que con una inflación alta se generan condiciones para un incremento de la dispersión de precios, aunque más no sea porque la constante variación de estos en el tiempo no permite un buen cotejo de precios tanto de la competencia como de otros proveedores. En el caso extremo de una hiperinflación deja de justificarse hasta esta comparación pues en el lapso en que se va a cotejar un precio con otro en otro sitio el original ya cambió y se pierde más en la búsqueda que arriesgando a comprar al primer oferente. Por lo dicho, la existencia de mayor dispersión no contradice la de inflación, sino que es hasta una consecuencia de la misma.
Es cierto que las cadenas de mercados ponen precios diferentes según los barrios en que están ubicadas las bocas de expendio y no uno mismo y único, aún dentro de una ciudad determinada. Aparte de la incidencia que puedan tener los costos de los inmuebles y los impuestos o tasas que pueden ser mayores en los  barrios más caros, la política suele ser cobrar al nivel de precios que la demanda tolere, para maximizar la ganancia. Sin embargo, toda esta cháchara sobre la dispersión de los precios no tiene aquí otro objetivo que confundir a la audiencia pretendiendo ocultar la inflación. Algo que obviamente solo logra cuando la audiencia está predispuesta, por otras razones, a dejarse convencer por estos sofismas.
3) Un clásico durante los procesos inflacionarios es echarle la culpa a la carne por la suba del costo de la canasta alimentaria. En primer lugar, la suba desorbitada del precio de la carne para el consumo se debió a la desastrosa política seguida por el secretario de comercio Guillermo Moreno que forzó en 2009 y 2010 a la liquidación de vientres lo cual trajo un descenso de 10 millones de cabezas en el stock bovino (supuestamente para evitar la suba de la carne en aquel momento). Quejarse ahora del precio de la carne y su gran incidencia en la inflación es mera declamación, sobre todo, cuando el causante del desastre sigue firme en su puesto, en funciones más dignas de un puntero político que de guía para las políticas comerciales.
La reflexión sobre que el costo de la carne explica casi el 50% del aumento del índice es totalmente capciosa. Si no hubiese sido por la carne hubiese sido por otra cosa. Con la inflación, todos los precios suben. Lo que hoy se retrasa mañana se adelanta al resto y lo que importa es el movimiento del promedio. Sacar un producto de la canasta no tiene ninguna validez, pues  está allí no por si mismo sino representando un grupo de productos similares. Hoy sube la carne, mañana el pollo y otra vez será el pescado. Lo que importa es el movimiento del grupo, no lo individual.
Las lamentaciones por la suba del precio de la carne han sido un clásico de los ministros de economía. La baja de los stocks ganaderos han traído como consecuencia las restricciones (vedas) al consumo de carne, tanto durante gobiernos democráticos como en dictaduras (por ejemplo, la de marzo de 1971, siendo ministro Aldo Ferrer, aunque por problemas heredados). Intentos para disimular la inflación creando índices ‘a medida’ que no incluían la carne (llamados también ‘descarnados’) han habido varios. Así, por ejemplo, en la segunda mitad de 1979, el Indec del ministro Martínez de Hoz publicó un índice de precios al consumidor ‘descarnado’ que duró poco tiempo, tanto como tardó el índice ‘descarnado’ en ponerse a la par del IPC común. Argucias de las autoridades cuando no pueden justificar y quieren disimular la inflación. Donde supuestos ‘progresistas’ se igualan a supuestos (mal llamados) ‘liberales’.
4) El párrafo referente a los IPC provinciales es antológico. Se le ‘escapó’ a la Sra Presidente la referencia al efecto de la suba de la carne en los índices provinciales. Parece que en la Casa Rosada le dan crédito a los IPC que elaboran provincias como Santa Fe que desmienten totalmente los datos ‘fabricados’ en el INDEK. No es solamente allí, el Ministerio de Trabajo también los aplica, o los avala. Se ve que G Moreno no convence a nadie, por eso es que acude a métodos dignos de la década de 1930 o antes aún, cuando los ciudadanos eran ‘convencidos’ mostrándoles algún objeto contundente acerca de cómo debían votar.
Resumiendo: sofismas, excusas, argumentos y conceptos equivocados, este es el arsenal con que la Presidenta pretende convencernos que no hay inflación. Sólo convence a su clientela. Cualquiera que va a hacer las compras diarias sabe la verdad.
Este es el oráculo, dechado de sabiduría, que nos muestran los cortesanos K como ejemplo de estadista. Por lo menos es una exageración, si no otra cosa menos agradable.
Por eso, seguramente CFK ha descubierto la rueda: que la economía y la política están interrelacionadas. No en vano la expresión “Economía política” se refiere a estudios multidisciplinarios para entender como instituciones y entornos políticos influyen sobre los mercados (cf. Wikipedia). En tiempos pasados se usó para referirse a la Economía (o la microeconomía) a secas. Es una expresión que ya tiene casi 400 años de existencia. Aunque Ud no lo crea!

PAUSA
Continuaremos con el análisis detallado de este discurso extraordinario para entender los recovecos del gobierno de la familia Kirchner, sus dichos y sus consecuencias.
Hasta otro día.

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